Entendí que la felicidad no es la meta, sino el camino

Todos tenemos el concepto errado que tenemos que alcanzar nuestras metas para poder ser felices. Como si la felicidad dependiese de casarnos, o de tener un título universitario. O de aprender una nueva habilidad. Como si dependiese del reconocimiento.

Porque sí, ser reconocidos por algo nos crea felicidad instantánea, pero esta no estará con nosotros durante toda la vida. Y es por eso que debemos aprender a estar contentos con nosotros mismos cada día, sin importar qué tan lejos o cerca se está de lo que queremos. O de lo que buscamos.

Algunas de nosotras creemos que el tener una pareja nos hará feliz, y, mientras la conseguimos, realmente podemos llegar a pasar un mal momento. Pues estaremos amargadas creyendo que nos hace falta alguien para poder sonreír cada mañana, o acostarnos tranquilas cada noche. Y eso no es así.

Otras tienen en mente que deben lograr obtener su reconocimiento para poder ser felices. Por ejemplo, graduarte en la universidad para poder estar contenta. Sí, es un gran logro, pero, ¿qué ocurrirá cuando regreses a casa luego de que hayas asistido a la ceremonia de graduación?, ¿cuánto tiempo más sonreirás?

Desde pequeña he estado muy pendiente de lo que es la industria de la música, y he seguido a muchas otras mujeres que tienen buenos mensajes para darnos. Y creo que hay un muy gran ejemplo para entender por qué la felicidad no es la meta, sino el camino.

Amy Lee es líder y vocalista de Evanescence, una de las bandas de Metal más famosas de todos los tiempos que hizo su debut con su disco Fallen en el año 2003. Cualquiera pensaría que lanzar su álbum sería el momento más feliz de su vida, pero ella no lo describe de esa manera.

Aunque siempre había tenido la meta de lanzar su disco, Amy dice que la verdadera felicidad la encontró en todas esas horas que pasó componiendo, grabando y produciendo. Lo que me da a entender que alcanzar una meta es mejor cuando disfrutas cada pequeño paso que das.

Y esto es algo que también he experimentado en mi vida. Aunque no esté involucrada en una industria tan importante como lo es la de la música, todos vivimos ese sentimiento a nuestra propia medida. Sólo que debemos saber identificarlo, y aprovecharlo al máximo. Antes de que se nos escape.

Yo siempre solía decir “Seré feliz cuando por fin me gradúe de la secundaria”, y no fue hasta después de unas semanas de haber recibido mi título que me di cuenta que siempre había estado viendo todo desde el lado equivocado. Porque el logro fue bueno, pero no me trajo la felicidad.

Era feliz cuando me levantaba cada mañana y me dirigía a encontrarme con mis amigas que, a pesar de que solíamos quejarnos de las tareas, teníamos un lugar donde ir, algo que hacer, y muchas experiencias que compartir. Y fue cuando lo entendí, la felicidad se encuentra en el camino.

Trabajar por llegar a ese punto en el que queremos estar es lo que realmente nos hace felices. Cada pequeño paso que damos en la dirección correcta debemos disfrutarlo al máximo, porque, una vez que hayas llegado ahí, sólo tendrás que plantearte un nuevo objetivo para empezar de cero.

Porque así es como funciona la vida. Lograr las metas que nos proponemos es importante, pero, una vez que las alcanzamos, sólo nos queda fijarnos una nueva. Y disfrutar cada proceso, cada avance y cada derrota es lo que realmente hará que todo haya valido la pena. Y nos robará más de una sonrisa al recordarlo.